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EL CARRICERÍN REAL. CONSERVACIÓN Y FOTOGRAFÍA.

 

     Los humedales son uno de los ecosistemas que albergan una mayor diversidad de fauna y flora. Entre sus pobladores más importantes están las aves, que incluyen gran número de familias como las anátidas, los limícolas, las garzas o los rálidos. Más pequeñas y menos llamativas, existe una serie de aves cuyo tamaño, hábitos y dificultad de observación hace que pasen habitualmente desapercibidos para el observador casual, son los carriceros, que forman parte de la familia Sylvidae y entre cuyos integrantes se encuentra el carricerín real (Acrocephalus melanopogon), uno de los paseriformes palustres más escaso y menos conocido en España. La población de la especie, que es la tercera más importante en Europa, se estima en menos de 1.000 parejas, localizadas mayoritariamente en la franja mediterránea, sobretodo en s’Albufera de Mallorca, Prat de Cabanes-Torreblanca y los marjales de Pego-Oliva y la Safor. Las poblaciones reproductoras del resto de Europa se encuentran en algunos lagos del centro y, sobretodo, en extensos carrizales y grandes ríos del sur (delta del Danubio, Volga y Don).

El carricerín real es un pequeño pájaro de unos 12 ó 13 cm de longitud y poco más de 10g de peso. Su coloración principal es pardo rojiza, con pequeñas listas oscuras en el dorso y a veces en el pecho, bien contrastada lista negra sobre el ojo y parte superior de la cabeza del mismo color.

La vida del carricerín transcurre siempre en el carrizal, siendo posiblemente el paseriforme palustre más íntimamente ligado a estos medios, que no abandona nunca. Gusta de densas masas de vegetación escasamente alteradas por incendios o pastoreo. En este entorno se da una gran cantidad de tallos rotos y doblados así como de restos en el sustrato basal, lo que le permite corretear cerca del agua a la búsqueda de los invertebrados que conforman su dieta, y que captura tras una minuciosa búsqueda. Este tipo de estrategia alimenticia le permite capturar presas poco móviles y de pequeño tamaño en lugares donde otros paseriformes palustres, potenciales competidores por el alimento, no llegan o no explotan. Por ello la especie evita, además de los carrizales jóvenes, las masas monoespecíficas de vegetación, que tienden a ser demasiado densas y a no inundarse con tanta facilidad.

El nido del carricerín es una taza profunda, que sujeta a los tallos de la vegetación palustre, en el interior de un pequeño territorio que marca cantando incesantemente en lo alto de cualquier carrizo, enea o masiega.

En su área de distribución española se le suele observar durante todo el año, puesto que los desplazamientos migratorios de la especie son de corto recorrido. Aún así, su presencia se hace más notoria a partir de marzo y abril, cuando se inicia el período reproductor y los machos son fácilmente audibles.

Según el Libro Rojo de las Aves de España, que sigue los criterios de la UICN, la especie está actualmente considerada como Vulnerable (VU), aunque los resultados de últimos censos, realizados durante 2005, podrían aconsejar que la especie pasara a ser catalogada como en peligro. El descenso registrado en los últimos años de la población española de la especie, podría deberse principalmente a la pérdida de hábitats adecuados, a causa de quemas de carrizales, pastoreo de ganado en sus zonas de cría o transformaciones en humedales.

Como todos los paseriformes palustres, fotografiarlos tiene el inconveniente añadido del tipo de hábitat en que se mueven, que penaliza la movilidad y dificulta la instalación de hides. Además, dado el escaso tamaño de la especie su fotografía exige, bien acercarse mucho, bien el uso de potentes y pesados teleobjetivos. La mejor época del año para intentarlo suelen ser los meses de abril a mayo, cuando los machos cantan para marcar el territorio y se dejan aproximar más.

Las tomas de este reportaje fueron realizadas desde una canoa. Los individuos eran localizados a distancia durante sus cantos territoriales, que suelen tener lugar en el borde del carrizal en lo alto de alguna enea, masiega o carrizo. La especie suele realizar su canto territorial en una pequeña superficie, por lo que una minuciosa observación previa nos ayudará a localizar el lugar adecuado para hacer las fotos. Tras ello se realiza una lenta aproximación hacia la zona, cubiertos con una tela de camuflaje y aprovechando alguna de las cortas ausencias del protagonista. Totalmente inmóviles esperaremos la vuelta del ave. Si el macho inicia su canto en otro lugar próximo no intentaremos perseguirlo; si el lugar elegido es el correcto el macho cantor no tardará en volver a él. Con algo de suerte, las distancias de trabajo podrán ser suficientes como para utilizar cómodamente un 400mm.

 

El carricerín real es una especie que vive en carrizales; estos lugares son difíciles para la fotografía de esta esquiva especie. Es imprescindible un buen conocimiento de la biología de esta especie para conseguir imágenes del carricerín real. Pentax Z1P, objetivo Sigma APO 400 mm f.5,6. Película: Fuji Sensia II ISO 100.

 

 

El colorido del carricerín es muy parecido al hábitat en el que vive. Esto hace disminuir la detectabilidad del ave, y dificulta la obtención de buenas imágenes. Para el carricerín es una buena defensa contra depredadores, para el fotógrafo es otra dificultad más. Cámara: Pentax Z1P, objetivo Sigma APO 400 mm f.5,6. Película: Fuji Sensia II ISO 100.

 

 

Pocas veces se coloca nuestro modelo en un lugar que contraste con el fondo. La época de celo es un buen momento  para que salga fuera de la espesura de los carrizales y sacar imágenes que resalten al individuo. En la fotografía un carricerín en plena explosión hormonal. Pentax Z1P, objetivo Sigma APO 400 mm f.5,6. Película: Fuji Sensia II ISO 100.

 

El programa Photoshop puede limpiar una fotografía de elementos que no queremos que salgan. En la imagen se ha retocado la fotografía original consiguiendo esta otra imagen. El autor de este artículo prefiere la fotografía original, la imagen retocada da un aspecto de “artificialidad” que no gustó al autor de este artículo, y además quita información del hábitat del carricerín. Cámara: Pentax Z1P, objetivo Sigma APO 400 mm f.5,6. Película: Fuji Sensia II ISO 100.

Texto y fotografías: Carlos Oltra Martínez

 
 

 

 

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